miércoles, 25 de mayo de 2011

Comunicación electoral 2.0

Las elecciones del 22 de mayo de 2011 fueron las primeras que se celebraron en toda España con las redes sociales plenamente asentadas. Esto provocó que la mayoría de los candidatos tratasen de utilizarlas para amplificar sus mensajes. Pero como suele suceder cuando los políticos irrumpen artificialmente en un medio que no conocen, la cosa les ha salido mal.

Hemos analizado una comunidad autónoma para comprobar el uso que se hizo, sobre todo de Twitter, que parece la herramienta social más propia para establecer una comunicación con los electores.

Muchos candidatos gestionaban directamente sus cuenta, otros lo hacían ayudados por sus equipos, pero el resultado no variaba mucho: mensajes propagandísticos y de agenda que difícilmente podrían interesar a nadie, poca espontaneidad, poca interacción con los usuarios, poca naturalidad.

El resultado, si se analiza en números, no es inesperado. Desde que comenzó la campaña hasta que terminó, la cifra de seguidores de los candidatos prácticamente no varió. Internet es viral, lo bueno se esparce como la pólvora, lo interesante llega a todos los internautas sin necesidad de los grandes medios, lo que está de actualidad alcanza cualquier rincón en minutos, un vídeo casero gracioso puede cosechar millones de visitas en pocos días. Los candidatos que analizamos se pasearon por la red estando teóricamente de actualidad, pero no debieron de ser ni buenos ni interesantes ni graciosos.

Dos semanas, lo que dura una campaña, no es mucho, pero en Internet los memes -temas de conversación o términos que se popularizan rápidamente en la Red- pasan de moda de un día para otro. Y si en este tiempo, en el que se habla de ellos más que nunca, en el que deberían ser más buenos, graciosos e intersantes que en toda su vida, en que los ciudadanos pueden tener mayores inquietudes por los políticos no consiguieron multiplicar, o al menos sumar un buen número de seguidores, es que algo falla.

Y no hace falta ser un experto en redes sociales para saber lo que no funciona. Para un buen usuario de Twitter cada persona a la que sigue supone un depósito de confianza. Te sigo porque me vas a aportar algo. Te dejo ocupar un hueco en mi timeline porque espero de ti información valiosa, opinión, contraste de ideas, discusiones apasionantes. Si lo que se aporta son frases del tipo "esta tarde mitin en nosedonde" o "con los vecinos de nosequébarrio", difícilmente un ciudadano va a conceder ese hueco al político.

Twitter tiene muchísimo potencial para ellos, pueden aprovecharlo para escuchar las preocupaciones de la gente, para debatir con ellos o incluso con sus rivales. Pero candidatos que en muchas ocasiones incluso evitaban los debates en los medios de comunicación tradicionales, tampoco lo buscan en uno digital.

No todo son malos hábitos. Hay políticos que usan desde hace tiempo Twitter con destreza, que consiguen tener seguidores de su cuerda y de la contraria que esperan con interés saber qué dicen o qué sugieren. Pero esto difícilmente se consigue cuando un candidato se abre una cuenta asesorado por su gabinete, sin convencimiento ni conocimiento y que, como ha sucedido en muchos casos, la abandona tras agradecer los resultados electorales.

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