jueves, 12 de abril de 2012

El dudoso periodismo en la cobertura de artistas en promoción

Cuando un artista (ya sean actores, músicos, escritores...) saca un nuevo producto recorre platós de televisión, estudios de radio y redacciones de periódicos promocionando su último disco / libro / película. Es una simbiosis entre medios y artistas. A los primeros les interesa informar a los lectores, oyentes y espectadores de las novedades culturales de mano de sus protagonistas y a estos les viene muy, pero que muy bien, llegar al máximo número de personas hablando de lo suyo.

Hasta aquí todo correcto. Debería ser una relación de igual a igual, en la que ninguno se impusiera sobre el otro. Sin embargo, los periodistas hemos perdido la batalla una vez más, igual que cuando acudimos a una rueda de prensa sin preguntas. Los artistas suelen imponer restricciones a las preguntas y vetar asuntos polémicos. Las entrevistas de promociones, en la mayoría de los casos, han quedado como meros escaparates para el artista, que goza de un tratamiento privilegiado, en el que no se cuestiona su obra por muy mala que sea. Ya puede ser la peor película de la historia, que cuando se promociona en un programa es casi imposible encontrar, no ya críticas, sino preguntas medianamente incisivas por parte de los periodistas, que no hacen más que bailarles el agua, como si tuvieran que agradecer la presencia del artista, cuando éste se está beneficiando tanto o más que el medio que visita.

Y no solo sucede en espacios de mero entretenimiento. Pasa con periodistas reconocidos, que sacan el colmillo cuando tienen delante a un político y cambian de actitud con otros personajes. Aquí intervienen también los intereses empresariales de los medios, que en muchas ocasiones están relacionados de alguna u otra forma con el producto promocionado.


Un ejemplo llamativo de esto que contamos sucedió hace un par de semanas con la película [Rec]3, en la Cadena Ser. Por la mañana, el crítico cinematográfico Carlos Boyero machacó la cinta (minuto 11) y dijo poco más o menos que era un producto para sacar dinero sin ningún sentido cinematográfico: "Comienza muy bien, filmando una boda, con mucho sentido del humor. Esto dura 15 minutos y a partir de ahí todo es un sinsentido, un disparate". Horas después el director del film estuvo en La Ventana, donde no hubo un atisbo de crítica, ni siquiera le preguntaron por la demoledora descripción que hizo un rato antes el crítico de cine en los mismos micrófonos. Por el contrario se afanaron en elogiar el "gran estreno" de la película y a señalar "las buenas críticas" recibidas.

Las coberturas de promociones así dejan de ser periodismo para convertirse en un espacio publicitario gratuito. Y mucho nos tememos que no son la excepción, sino una norma que va más allá de la mera cortesía con el invitado de turno.

PD. En PressPeople no hemos visto [Rec]3 y no entramos a evaluar la calidad de la película, tan solo su tratamiento informativo.

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